“Nadie se ve mal de Negro”

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Esa frase la escuche por casualidad en una reunión y me causó mucha gracia. La verdad es que es difícil que a una persona le siente mal ese color (¿o debería decir la ausencia del mismo?). Definitivamente el negro unifica nuestra imagen y su magia permite que todo el que lo lleve se vea prolijo, moderno, chic y en ocasiones, misterioso y vanguardista.

Desde que Coco Chanel desterró la vinculación del negro con el luto y lo ligo a la alta moda y a la elegancia, nunca más ha perdido su status. De hecho año tras año, y temporada tras temporada los “gurús” de la moda y las tendencias tratan de imponer colores bajo el lema del “nuevo negro”. Pero con el negro no hay nada nuevo. Su misterio y sofisticación nos hacen volar la imaginación e invariablemente identificamos a quien lo lleva como alguien a la moda, sobrio (sin dejar de ser moderno), pero sobre todo elegante. Además es un color ( ¿o será la ausencia del mismo?), muy noble, sirve para camuflar manchas y otros desperfectos indeseables; estiliza la figura y oculta imperfecciones, por lo que es el color favorito cuando sentimos que hay un kilo de más o alguna llantita rebelde que con otro color, sería más obvia.

Estas bondades lo han transformado en el uniforme preferido de ciudades enteras. New York y Berlín, por ejemplo, se rinden a la magia del negro. Sus habitantes le visten con fidelidad y cualquiera que las visite deberá adoptar el uniforme para no sentirse como un turista del montón.

Pese a todas estas maravillas asociadas al negro, yo particularmente prefiero el COLOR, si así con mayúscula. El uso del COLOR exige creatividad, representa nuestro pensar, nuestra forma de vida, refleja nuestro estado de ánimo, da luz a la sonrisa más apagada y nos hace sentir más próximos los unos a los otros. Hasta una de las reglas más rígidas al vestir como era la abolición del color en las temporadas de otoño/invierno han cedido a favor de su incorporación en el vestuario. Ya el blanco no es sólo para el verano y los estampados y gráficos nos ofrecen mil posibilidades para incorporarlos a nuestro vestuario todo el año.

No quiero decir con ello que no aprecio la belleza de un outfit con sweater cuello de tortuga negro con unos skinny negros y bailarinas en el mismo tono (¡clásico imperecedero gracias a Audrey Hepburn!), o que un vestido de noche negro no me parece el epítome de la elegancia. Pero el uso del mismo debe representarnos, y no simplemente ser una opción cómoda y aburrida para no pensar en que ponernos cada mañana.

Si definitivamente vamos a usar negro, juguemos con las texturas de las telas, combinemos largos y estilos para sacar al negro de su monotonía. Démosle vida con accesorios a full color, hagamos uso estratégico del negro para disimular algunas áreas problemáticas de nuestra anatomía e impactemos con un total look en negro en un ambiente completamente inesperado para ese tono. Demostremos que en efecto Nadie se ve mal de Negro pero no por la zona de confort que el negro representa, sino porque sabemos sacar provecho de nuestra imagen con él.

Comments

    thais malave

    Interesante

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