Quedarse en Casa es el Nuevo Negro

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Estamos viviendo un momento sin precedentes.

Nunca anteriormente un microorganismo había obligado a millones de seres humanos a recluirse en sus casas y aislarse. Sin embargo, así estamos y por lo visto, así seguiremos por un periodo no determinado.

 

Antes de emitir queja alguna (con justificada razón) quiero pensar que mi reclusión es una medida para mantenerme sana. Pues solo con salud podremos enfrentar los efectos de esta suerte de parálisis.

 

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La industria de la moda también es consiente de esta transformación. Por siglos ha sabido reinventarse y ajustarse a los cambios sociales, guerras, y fenómenos de diversas índoles.

 

Ante la falta de compradores físicos en las tiendas, se han impuesto las compras en línea. Los requerimientos de vestuario hospitalario y material desinfectante han encontrado en las cadenas de producción especializadas y las líneas de distribución de las marcas más exclusivas del mundo aliados que han enfocado toda su energía en la generación de mascarillas, prendas para uso médico y gel antibacterial.

 

 

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Firmas y cadenas retail como Zara, Benetton, Gucci y otras han donado cantidades significativas para la dotación de hospitales y clínicas, así como sumas importantes para apoyar la investigación científica en busca de una vacuna.

Diseñadores de todo el mundo han puesto su talento en el diseño al servicio de prendas adecuadas para espacios sanitarios y marcas como Nike están generando piezas con tecnología de punta para la protección del personal médico.

 

En México, Lorena Saravia creo una colección de T-shirts con cuya compra estarás donando material para hospitales. El diseñador Benito Santos, presentó por primera vez su colección Otoño-Invierno 2020, de forma virtual y por primera vez el Mercedes Benz Fashion Week de la Ciudad de México será enteramente virtual, lo que promete mayor cobertura y el que todos tengamos un merecido asiento en front row.

 

Aparentemente la pandemia nos pone frente a una verdadera democratización de la moda, o al menos nos encima a una revolución digital que sin duda la afectará para siempre.

Para países como Bangladesh, uno de los centros de manufactura textil más grandes del mundo, y tristemente celebre tras la tragedia del Rana Plaza, está a un paso de una profunda crisis económica pues muchas de las firmas de moda, al ralentizar sus ventas, están deteniendo la confección y esto implica la suspensión de salarios y el despido masivo de trabajadores (en su mayoría mujeres).

 

Diseñadores emergentes en todo el mundo, serán los más vulnerables ante esta crisis. Lo cual me motiva más que nunca a apoyar y consumir moda local de calidad.

 

Mientras, tú, yo, todos (¡espero!) estamos en casa; no tenemos la necesidad real de vestirnos esmeradamente, nuestras prendas sufren menos desgaste y la vanidad de armar nuevas combinaciones ha sido sustituida por un lindo pijama o bien un suit confortable y cómodo.

 

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¿Quiere decir esto que ahora vamos a sentir menos necesidad de consumir moda? Desde mi perspectiva, creo que vamos a consumirla de forma diferente.

 

Cuando podamos salir libremente a hacer el recuento de los efectos de la pandemia, vamos a tener un ansia de libertad, una enorme necesidad de expresarnos. Pero, también seremos más reflexivos, valoraremos lo que sentimos y lo que somos, por encima de lo que tenemos.

 

Este ejercicio forzado de introspección quizás nos haga descubrir quienes somos en realidad. Es posible que esta crisis nos impulse a observar y ponga de moda el estilo real, la autenticidad y el gusto por ser diferente.

 

 

 

 

 

 

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